La Legión del Mar (Arnaldo Visconti)

 



Autor: Arnaldo Visconti (Pedro Víctor Debrigode)

Año: 1947

Nº 52 de la colección "El Pirata Negro" (Bruguera)

Portada: Provensal





ARGUMENTO

Con el reclutamiento de los presos elegidos durante su estancia en el presidio, Carlos Lezama ya tiene todo preparado para iniciar las actividades de "La Legión del Mar" en su lucha contra la piratería en el Caribe. Su primera misión se ha presentado de forma imprevista, ya que ha descubierto que Stenka Volodia, un pirata cosaco que tiene una inexpugnable fortaleza denominada "El Castillo de las Nubes", está intentando comprar a muchos tripulantes de la Legión del Mar para mermar su poder. Así pues, "El Castillo de las Nubes" y su exótico dueño será el primer objetivo de la recién nacida escuadra anti piratería.

OPINIÓN

Después de la pausa de la novela anterior, en la que se nos contó la historia del hijo perdido del Pirata Negro, volvemos al hilo temporal habitual de la serie, con nuestro héroe y su recién creada "Legión del Mar", en esta novela que, para variar, si que hace justicia al anuncio de la portada con eso de "Contiene un episodio completo", ya que es una historia con principio y final.
La aventura está muy bien y destaca el "malo" de turno, un cosaco sanguinario y bestial, además de su hija, que no tiene nada que envidiar a su padre en maldad. Estos dos siniestros personajes, y la extraña relación que hay entre ellos, ocupan buena parte de la novela. 
También destacaría la relación del Pirata Negro con su hijo, el que no está perdido, y su decepción y exasperación al ir dándose cuenta que el muchacho no está muy inclinado a la acción, navegar y todo eso tan importantes para Carlos Lezama, prefiriendo cosas como la lectura y la música.
En las últimas paginas sabremos del otro hijo del Pirata Negro, ya que este recibe una carta de su amigo Diego Lucientes en la que le informa que un tal Cheij Khan está cortejando a su hija y su preocupación porque hay algo que no le acaba de gustar en el apuesto y exótico joven...Me imagino que en la novela siguiente asistiremos por fin al reencuentro de Carlos Lezama con su hijo perdido. 
Lo único que no me ha gustado de esta novela es el amor tremendista del subalterno de Stenka Volodia  hacía la hija de este, que se me antoja un tanto grotesco, exagerado e irreal.

Cuando la bella Lubianka se cansa de un amante, se lo dice a su padre y este corta la relación por lo sano, como pudo comprobar el pobre Jacinto Brito cuando el cosaco le invitó a tomar el fresco en las almenas del castillo.


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