Los negreros (Arnaldo Visconti)
Autor: Arnaldo Visconti (Pedro Víctor Debrigode)
Año: 1947
Nº 47 de la colección "El Pirata Negro" (Bruguera)
Portada: Provenzal
ARGUMENTO
El Pirata Negro busca desmantelar una organización que se dedica al odioso negocio del trafico de esclavos. Para realizar su misión, se hace pasar por uno de ellos, un negrero vasco ya fallecido, y en la isla de Tenerife, que les sirve de lugar de reunión, intentará acabar con ellos...Pero poco a poco va descubriendo que lo que hay detrás del supuesto negocio negrero es una conspiración para apoderarse de la isla...
OPINIÓN
La novela es una continuación de la anterior, "Escala en Tenerife", por lo que si no la has leído antes, como es mi caso, resulta bastante confusa al principio. Una vez más, lo de "Contiene un episodio completo" es una evidente mentira. A la confusión inicial, hay que añadir que el autor, por medio de un personaje que está leyendo un libro sobre el tema en una interminable fiesta/baile, nos cuenta la historia de los guanches, que son los originarios pobladores de la isla canaria. No es que no sea interesante, pero resulta un poco desconcertante esta lección de historia en una novela popular de aventuras...
La cosa va mejorando una vez se acaba ese baile interminable que parecía que iba a durar toda la novela. Y así, llegamos a la conclusión de la aventura tinerfeña, con momentos dramáticos como el reflejado en la imagen. Y aún queda tiempo, o mejor dicho, paginas, para que nuestro héroe tenga una mini aventura, esta si, con principio y final, en la que rescata a unos desventurados españoles que han caído en manos de un pirata de lo más sanguinario llamado Salvador.
Pese a que la primera parte, la que transcurre en la fiesta, se hace algo pesada, además de contener algunos de esos diálogos demasiado trasnochados y artificiosos leídos hoy en día, considero que es una interesante novela, y la pequeña aventura final muy entretenida.
"Prudencia Maga acababa de esgrimir contra su pecho la daga que Basil Hoss mantenía en su mano muerta. Leoncio de Bethencourt, con un gesto angustiado, corrió hacía allá."








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